Tomo prestada esta frase de Jon Kabat-Zinn que me inspira mucho para redactar este post: «Donde quiera que vayas, ahí estás». La típica frase que parece que es un bla, bla, bla… que no dice nada… o que es una chorrada más en este mundo de vende humos. Pero si te paras a reflexionar sobre ella, verás que pocas cosas hay tan objetivas, evidentes y ciertas como esto: contigo siempre estás tú.  Me recuerda uno de mis versos favoritos de  «Cómo decirte, cómo contarte» de Sabina, que nos recuerda que nadie va a ayudarte, sino te ayudas tú un poco más.

Todos tenemos una vida emocional, en la que tenemos que ahondar para llegar a un autoconocimiento pleno. Si nos desconectamos de ella, corremos el peligro de encerrarnos en nosotros mismos. Es como si nos pusiéramos un caparazón que nos introduce en un estado en el que no nos permitimos sentir lo que estamos sintiendo. Una fachada que construimos para los demás y para nosotros mismos, que nos hace vivir en «modo avión».

Hace ya algunos años, un equipo de investigadores finlandeses creó el primer mapa corporal de las emociones humanas. Se trata de un mapa físico emocional universal, con bases biológicas. Científicos, de la Universidad de Aalto, comprobaron que cada emoción despierta reacciones en determinadas zonas del cuerpo. Sus conclusiones fueron que nuestros mecanismos biológicos, nos preparan para responder al entorno, ya sea para defendernos o para disfrutar de la situación.

Esto no sería importante, si no fuese porque afecta a nuestro bienestar psíquico y al físico. Mente y cuerpo están unidos en un triángulo emoción – pensamiento – acción. Y nuestra mente y nuestro cuerpo buscan armonía. Si no la hay, sufren ambos.

Cuando escuchamos la importancia del lenguaje no verbal,siempre lo intentamos entender en los otros. No nos damos cuenta de lo valioso que es entendernos a nosotros mismos, escuchando el lenguaje de nuestro propio cuerpo para hacernos caso. Entender la relación íntima que existe entre las emociones y el cuerpo nos lleva a un crecimiento personal espectacular. Leer nuestra postura, nuestros hábitos, nuestros movimientos, leyendo las emociones que están presentes en nosotros, nos hace comprendernos. Mantener nuestras actitudes defensivas ante las emociones básicas como la tristeza, el enfado, la alegría (sí, de la alegría también huimos muchas veces), el miedo, el asco, o la sorpresa, nos hace evadirnos y nos nos permite entender patrones posturales que pueden desembocar en dolores corporales, limitaciones del movimiento e incluso enfermedades. Necesitamos tomar conciencia de nuestros patrones emocionales. Mente y cuerpo…

Aparecen dos peligros cuando uno comienza a querer entenderse como un todo:

  1. Tendemos a justificarnos: «los dolores en mi cuerpo son normales, es mi genética»; «mejor no ahondo en mis emociones, podría acabar peor de lo que estoy»; «me preocupa lo que pensarán de mí, mi familia, mis amigos…»; «no se lo que me va a aportar esto»; «qué duro es esto de entendernos a nosotros mismos»…
  2. No queremos «soltar». Nos aferramos con nuestra mente a lo que nos está pasando, a nuestras circunstancias, al momento por el que atravesamos, a una relación tóxica, a una idea…Nos atascamos y nos enredamos por nuestros miedos e inseguridades porque es un entorno conocido.

Solo es posible avanzar si podemos observar con conciencia y aceptación aquello que pasa por nuestra mente e impacta en nuestro cuerpo en forma de dolor o de limitaciones del movimiento. Sin juzgarnos, solo observando y creando conciencia.

Parece simple, pero no es fácil. Este autoconocimiento es un trabajo esclarecedor y liberador porque nos pone en contacto con aspectos de nuestra vida que pasamos por alto. Aspectos que quizá no estamos dispuestos a mirar, a reflexionar sobre ellos o a expresarlos de manera consciente. Y nos convertimos en volcanes emocionales que estallan cuando no toca.

Evidentemente, no es fácil porque tenemos que entrar en el proceso de querer-conocer-aprender-mejorar. Requiere empezar a practicar con lo que aprendamos para poder entrar de nuevo en la armonía «mente-cuerpo». En ese momento, la vida misma se convierte en práctica. Y es cuando comienzas a hacerte caso…

Si te ha interesado este post y crees que tienes alguna pregunta o que puedas compartir tu experiencia, no dudes en hacerlo. Nos encantaría leerte. No te olvides : #HAZTECASOInscríbete en nuestros talleres de emociones y pilates

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